En el año 609 a.C., el faraón Necao sube con su ejército hacia el Éufrates, en ayuda de los últimos restos de Asiria. Josías le sale al encuentro, y Necao lo mata en Meguido. Sus siervos lo llevan muerto en un carro a Jerusalén, y el pueblo de la tierra unge a su hijo Joacaz 2 Reyes 23:29-30. Crónicas cuenta que Necao le había advertido que no luchaba contra él, que Josías se disfrazó para la batalla y que los flecheros lo hirieron 2 Crónicas 35:20-24. Todo Judá lo llora, y Jeremías compone lamentos por él que los cantores repetían todavía 2 Crónicas 35:24-25. Ver Meguido.
Su papel dentro de la Biblia
Josías es el último gran rey de Judá y el modelo del rey fiel a la ley. Su reforma es el punto culminante de la historia de los Reyes, que mide a cada monarca por su fidelidad al culto único en Jerusalén; y es también su paradoja: el rey más fiel no basta para evitar el desastre. Tras su muerte, sus hijos reinan bajo Egipto y Babilonia, y en veintitrés años Jerusalén cae 2 Reyes 23:31-37.
En su reinado comienzan a profetizar Jeremías, en el año trece Jeremías 1:1-2, y Sofonías Sofonías 1:1.
Cómo lo recuerda el resto de la Biblia
Jeremías, que lo lloró, lo pone como ejemplo frente a su hijo Joacim, que construía su palacio sin pagar a los obreros: tu padre comió y bebió e hizo juicio y justicia, juzgó la causa del pobre y del menesteroso, «¿no es esto conocerme a mí?, dice Jehová» Jeremías 22:13-16. Zacarías compara un gran luto futuro con «el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido» Zacarías 12:11, que muchos intérpretes relacionan con el duelo por Josías. En el Nuevo Testamento, Josías aparece en la genealogía de Jesús en Mateo, en el umbral de la deportación a Babilonia Mateo 1:10-11.
Otros con el mismo nombre
Zacarías menciona a un Josías hijo de Sofonías, en cuya casa se recibe la plata y el oro de los que vuelven de Babilonia Zacarías 6:10.