David se esconde de Saúl en Hores, en el desierto de Zif. Jonatán va a buscarlo allí y, dice el texto, «fortaleció su mano en Dios». Le dice: «No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe». Hacen pacto otra vez delante de Jehová, y Jonatán vuelve a su casa 1 Samuel 23:15-18. No volverán a verse.
Su papel dentro de la Biblia
Jonatán es la figura que hace posible el paso del trono de Saúl a David sin que David aparezca como usurpador. El heredero legítimo reconoce a su rival, lo protege de su propio padre y le cede de palabra lo que le correspondía. Al mismo tiempo, se mantiene leal a Saúl hasta el final y muere a su lado. El relato lo muestra fiel a los dos: a su padre como hijo y a David como amigo.