Saúl ordena a Jonatán y a sus siervos que maten a David. Jonatán avisa a su amigo y habla bien de él a su padre: ¿por qué pecar contra sangre inocente? Saúl jura que David no morirá, y Jonatán lo trae de nuevo a la corte 1 Samuel 19:1-7. La paz dura poco.
David, otra vez amenazado, busca a Jonatán: «¿Qué he hecho yo?». Acuerdan una prueba en la fiesta de la luna nueva: David faltará a la mesa del rey, y Jonatán verá cómo reacciona su padre 1 Samuel 20:1-7. Antes, renuevan el pacto y Jonatán le pide algo para el futuro: que no aparte nunca su misericordia de la casa de Jonatán, ni siquiera cuando Dios haya cortado a todos los enemigos de David 1 Samuel 20:12-17.
En la fiesta, Saúl estalla contra su hijo: «Hijo de la perversa y rebelde… mientras el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino». Cuando Jonatán defiende a David, Saúl le arroja la lanza 1 Samuel 20:30-33. A la mañana siguiente, Jonatán sale al campo con un muchacho y dispara las flechas de la señal convenida: la flecha más allá significa que David debe huir 1 Samuel 20:35-40. Después los dos amigos se encuentran, lloran juntos, y Jonatán lo despide: «Vete en paz», recordándole el juramento entre sus descendencias 1 Samuel 20:41-42. Ver Gabaa.
Su papel dentro de la Biblia
Jonatán es la figura que hace posible el paso del trono de Saúl a David sin que David aparezca como usurpador. El heredero legítimo reconoce a su rival, lo protege de su propio padre y le cede de palabra lo que le correspondía. Al mismo tiempo, se mantiene leal a Saúl hasta el final y muere a su lado. El relato lo muestra fiel a los dos: a su padre como hijo y a David como amigo.