El texto no cuenta cómo empezó la persecución; la da por sabida. Cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías, mayordomo del palacio de Acab, escondió a cien de ellos en cuevas, de cincuenta en cincuenta, y los sustentó con pan y agua 1 Reyes 18:3-4. Abdías se lo recuerda a Elías como prueba de su fidelidad 1 Reyes 18:13. Ver Abdías, mayordomo de Acab.
Al mismo tiempo, la reina mantiene a los profetas de su dios. Cuando Elías desafía a Acab a reunir al pueblo en el monte Carmelo, le pide que traiga a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y a los cuatrocientos de Asera, «que comen de la mesa de Jezabel» 1 Reyes 18:19. Ver el monte Carmelo.
Su papel dentro de la Biblia
Jezabel encarna en Reyes la gran amenaza de la época de Elías: que Israel deje de servir a Jehová y adopte a Baal como religión oficial, sostenida por la corte. Su enfrentamiento con Elías es el eje del ciclo del profeta, y su muerte cierra la historia de la casa de Omri. Reyes la presenta como la que «incitaba» a Acab 1 Reyes 21:25, pero no exime al rey: es él quien se casa con ella, construye el templo y se queda con la viña.
Su influencia pasa también a Judá. Atalía, hija de Acab, se casa con Joram de Judá, que anduvo «como hizo la casa de Acab», y al quedar viuda se apodera del trono 2 Reyes 8:18 2 Reyes 11:1-3.
Su nombre después
En la carta a la iglesia de Tiatira, el Apocalipsis reprocha que se tolere a «esa mujer Jezabel, que se dice profetisa», que enseña a los creyentes a cometer fornicación y a comer cosas sacrificadas a los ídolos Apocalipsis 2:20. La mayoría lo entiende como un nombre simbólico, no como el nombre real de la profetisa de Tiatira. El autor toma a la reina como el modelo de quien arrastra al pueblo de Dios a la idolatría. Ver Tiatira e idolatría.