Ismael existe antes de nacer, en una promesa hecha a su madre. Agar, la esclava egipcia que Sarai le ha dado a Abram para tener hijos por medio de ella, huye embarazada al desierto, y el ángel de Jehová la encuentra junto a una fuente. Le dice que tendrá un hijo y que lo llamará Ismael, «porque Jehová ha oído tu aflicción» Génesis 16:11. Ver Agar.
El ángel describe también cómo será: un hombre indómito —en hebreo, «un asno salvaje de hombre»—, con la mano contra todos y la de todos contra él, que vivirá frente a todos sus hermanos Génesis 16:12. Agar vuelve, y es Abram quien le pone al niño el nombre anunciado. Tiene ochenta y seis años Génesis 16:15-16. Ver Abraham.
Su papel dentro de la Biblia
Ismael es el hijo de Abraham que no hereda la alianza, y el Génesis no lo trata como un rival: Dios lo bendice, oye su voz, lo salva y cumple con él cada promesa que hace. El libro organiza así la familia de Abraham en dos ramas, la de la alianza, por Isaac, y la de los pueblos del desierto, por Ismael; el mismo esquema se repite después con Jacob y Esaú. Crónicas lo nombra todavía, al principio de las genealogías de Israel, junto a Isaac como «hijos de Abraham» 1 Crónicas 1:28-31. Ver los ismaelitas.
Sus descendientes, los ismaelitas, son los mercaderes que suben de Galaad con sus camellos hacia Egipto, a los que es vendido José Génesis 37:25-28. Ver José.
Cómo lo recuerdan después
Pablo habla de él sin nombrarlo en la carta a los Gálatas: «el de la esclava», nacido «según la carne», frente a Isaac, el hijo de la promesa. Lee la historia como una alegoría de dos alianzas, y la risa de Ismael como persecución Gálatas 4:22-30.