Jacob vuelve de Harán después de veinte años y llega a ver a su padre en Mamre, junto a Hebrón, donde habían vivido Abraham e Isaac Génesis 35:27. Isaac muere a los ciento ochenta años, «viejo y lleno de días», y lo sepultan sus dos hijos, Esaú y Jacob, reconciliados Génesis 35:28-29. Jacob dirá en Egipto que su padre está enterrado en la cueva de Macpela, con Abraham y Sara Génesis 49:31. Ver Hebrón.
Su papel dentro de la Biblia
Isaac es el hijo de la promesa: el Génesis insiste en que la descendencia de Abraham seguirá por él y no por Ismael Génesis 21:12. Su vida no tiene grandes viajes ni grandes revelaciones, pero sin él no hay continuidad entre Abraham y Jacob. Por eso Dios se presenta muchas veces como «el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob» Éxodo 3:6, una fórmula que Jesús usará para hablar de la resurrección: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos Mateo 22:31-32.
Cómo lo recuerda el resto de la Biblia
Pablo lo usa para explicar quién es el verdadero Israel: no todos los descendientes de Abraham son sus hijos, sino que «en Isaac te será llamada descendencia», es decir, los hijos de la promesa Romanos 9:6-9. En Gálatas compara a Isaac, hijo de la libre, con Ismael, hijo de la esclava, como figuras de dos alianzas Gálatas 4:22-31. Hebreos y Santiago recuerdan el sacrificio del monte Moriah como ejemplo de fe y de obras Hebreos 11:17-20 Santiago 2:21.