Jesús usa los días de Noé para hablar de su venida: antes del diluvio la gente comía, bebía y se casaba «hasta el día en que Noé entró en el arca», y no entendió hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre Mateo 24:37-39. Lucas trae las mismas palabras Lucas 17:26-27.
La carta a los Hebreos pone a Noé entre los ejemplos de fe: advertido de cosas que aún no se veían, «con temor preparó el arca en que su casa se salvase», y por esa fe condenó al mundo Hebreos 11:7. La segunda carta de Pedro lo llama «pregonero de justicia», guardado por Dios con otras siete personas 2 Pedro 2:5.
La primera carta de Pedro recuerda la paciencia de Dios «en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua» 1 Pedro 3:20, y continúa: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva», no como limpieza del cuerpo, sino como aspiración de una buena conciencia hacia Dios, por la resurrección de Jesucristo 1 Pedro 3:21. Para Pedro, el paso de Noé a través del agua es figura del bautismo: el agua que fue juicio para el mundo fue también el medio por el que la familia de Noé fue salvada.