En Gerar, Abraham vuelve a decir de Sara que es su hermana, y Abimelec, rey de Gerar, la toma Génesis 20:1-2. Dios se le aparece en sueños y le advierte que ella es casada; Abimelec, que no la ha tocado, protesta su inocencia Génesis 20:3-7. Cuando pide explicaciones, Abraham se justifica: pensó que allí no había temor de Dios, y además no mintió del todo: «a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre» Génesis 20:11-12. Abimelec devuelve a Sara con ganado, siervos y mil monedas de plata «como un velo para los ojos» de todos los que están con ella Génesis 20:14-16. Ver Gerar.
Su papel dentro de la Biblia
Sara es la madre de la promesa. Toda la historia de Abraham gira en torno a un hijo que Dios promete y que ella no puede dar, y el Génesis cuenta con franqueza sus reacciones: la solución de Agar, la dureza con su esclava, la risa incrédula, la negación y la alegría. Isaías la nombra junto a Abraham como raíz del pueblo: «Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz» Isaías 51:2.
Cómo la recuerdan después
El Nuevo Testamento la recuerda desde ángulos distintos. Pablo habla de «la esterilidad de la matriz de Sara» para subrayar que Abraham creyó contra toda esperanza Romanos 4:18-19, y en la carta a los Gálatas usa la historia de las dos mujeres de Abraham, la esclava y la libre, como alegoría de dos pactos Gálatas 4:22-26. La carta a los Hebreos la incluye entre los ejemplos de fe: «por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir» Hebreos 11:11. La primera carta de Pedro la propone como modelo a las mujeres casadas, porque «obedecía a Abraham, llamándole señor» 1 Pedro 3:6, la misma palabra que Sara había usado en la tienda.