De vuelta en Canaán, cerca de Efrata, Raquel da a luz con mucho trabajo. La partera le dice que no tema, que también este es un hijo. Al morir, ella lo llama Ben-oni, «hijo de mi tristeza»; Jacob le cambia el nombre por Benjamín, «hijo de la mano derecha» Génesis 35:16-18. La entierran en el camino de Efrata, que es Belén, y Jacob levanta un pilar sobre su sepulcro Génesis 35:19-20. Al final de su vida, en Egipto, Jacob todavía recuerda aquel momento Génesis 48:7. Ver Benjamín y Belén.
Raquel llora por sus hijos
Raquel muere en el Génesis, pero su figura vuelve. Jeremías la imagina llorando en Ramá por sus hijos desterrados, sin querer ser consolada —el capítulo habla enseguida de Efraín, la tribu de su nieto—; Dios le responde que hay esperanza y que volverán Jeremías 31:15-17. Mateo aplica el mismo versículo al llanto de las madres de Belén por la matanza de Herodes Mateo 2:16-18. Y en el libro de Rut, los ancianos de Belén la nombran junto a Lea como fundadoras de la casa de Israel Rut 4:11.