Cuando Jacob huye de Harán con toda su familia mientras Labán está esquilando sus ovejas, Raquel se lleva a escondidas los ídolos de su padre, los terafines Génesis 31:17-21. Labán los persigue y busca en todas las tiendas. Raquel los ha metido en la albarda de un camello y se sienta encima; a su padre le dice que no puede levantarse porque está con la costumbre de las mujeres, y Labán no los encuentra Génesis 31:33-35. Jacob, que no sabía nada, había jurado que moriría quien los tuviera Génesis 31:32.
Raquel llora por sus hijos
Raquel muere en el Génesis, pero su figura vuelve. Jeremías la imagina llorando en Ramá por sus hijos desterrados, sin querer ser consolada —el capítulo habla enseguida de Efraín, la tribu de su nieto—; Dios le responde que hay esperanza y que volverán Jeremías 31:15-17. Mateo aplica el mismo versículo al llanto de las madres de Belén por la matanza de Herodes Mateo 2:16-18. Y en el libro de Rut, los ancianos de Belén la nombran junto a Lea como fundadoras de la casa de Israel Rut 4:11.