Después de las mandrágoras que obtuvo de su hermana Génesis 30:14-15, el texto dice que «se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos». Da a luz un hijo y dice: «Dios ha quitado mi afrenta»; lo llama José, «añádame Jehová otro hijo» Génesis 30:22-24. Ese hijo será el preferido de Jacob, y su historia ocupa el final del Génesis. Ver José.
Raquel llora por sus hijos
Raquel muere en el Génesis, pero su figura vuelve. Jeremías la imagina llorando en Ramá por sus hijos desterrados, sin querer ser consolada —el capítulo habla enseguida de Efraín, la tribu de su nieto—; Dios le responde que hay esperanza y que volverán Jeremías 31:15-17. Mateo aplica el mismo versículo al llanto de las madres de Belén por la matanza de Herodes Mateo 2:16-18. Y en el libro de Rut, los ancianos de Belén la nombran junto a Lea como fundadoras de la casa de Israel Rut 4:11.