David vive ya en su palacio de cedro en Jerusalén, en paz con sus enemigos, y le dice al profeta Natán: «Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas». Natán le responde lo que cualquier consejero diría: «Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo» 2 Samuel 7:1-3. Ver David.
Esa misma noche le llega a Natán la palabra de Dios, y tiene que corregirse. Dios no ha pedido una casa: desde que sacó a Israel de Egipto ha andado en tienda 2 Samuel 7:4-7. Y da la vuelta a la idea: «Jehová te hace saber que él te hará casa». Cuando David muera, Dios levantará a un descendiente suyo, que edificará casa a su nombre, y afirmará su trono para siempre; si hace mal, lo corregirá, pero no le quitará su misericordia como se la quitó a Saúl. «Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro» 2 Samuel 7:11-16. Natán se lo transmite todo a David 2 Samuel 7:17.
Su papel dentro de la Biblia
Natán es el profeta de los tres momentos decisivos del reinado de David: la promesa de la dinastía, el pecado con Betsabé y la sucesión. Con él aparece la figura del profeta que acompaña y corrige al rey, que tendrá continuidad en Elías, Isaías o Jeremías. Sus hijos sirvieron a Salomón: Azarías como jefe de los gobernadores y Zabud como ministro principal y «amigo del rey» 1 Reyes 4:5.
Crónicas lo recuerda también como cronista. Remite al «libro del profeta Natán» para la historia de David y de Salomón 1 Crónicas 29:29 2 Crónicas 9:29, y atribuye a David, a Gad y a Natán la organización de los levitas músicos del templo 2 Crónicas 29:25.
Otros con el mismo nombre
Natán hijo de David, uno de los hijos que le nacieron en Jerusalén, hermano de Salomón por parte de Betsabé 2 Samuel 5:14 1 Crónicas 3:5. Lucas traza por él la genealogía de Jesús Lucas 3:31, mientras Mateo la traza por Salomón.