El ángel de Jehová la encuentra junto a una fuente de agua en el desierto, la del camino de Shur, la ruta que bajaba hacia Egipto. Le pregunta de dónde viene y adónde va, y ella responde solo lo primero: huye de su señora. El ángel le manda volver y someterse a ella Génesis 16:7-9. Ver ángel.
Después le hace una promesa que el Génesis solo había hecho hasta entonces a Abram: multiplicará tanto su descendencia que no se podrá contar. Está embarazada y tendrá un hijo; le pondrá por nombre Ismael, «Dios oye», porque Jehová ha oído su aflicción. Será un hombre indómito —el hebreo dice «un asno salvaje de hombre»—, en lucha con todos, y vivirá frente a todos sus hermanos Génesis 16:10-12.
Agar le da nombre al Dios que le ha hablado: «Tú eres Dios que ve», porque, dice, ha visto al que la ve. Por eso el pozo se llamó Beer-lahai-roi, «pozo del Viviente que me ve», entre Cades y Bered Génesis 16:13-14. Agar vuelve y da a luz un hijo a Abram, y es Abram quien le pone el nombre que el ángel había anunciado. Abram tiene ochenta y seis años Génesis 16:15-16.
Su papel dentro de la Biblia
Agar está en el centro de la primera crisis de la promesa a Abraham: la de un heredero que no llega. Su hijo es el primer hijo de Abraham, y el Génesis lo trata con cuidado: Dios oye a la madre y al hijo, les promete una nación, los salva en el desierto y cumple la promesa con una genealogía de doce príncipes Génesis 25:12-16. Al mismo tiempo, el relato deja claro que la alianza seguirá por Isaac Génesis 17:19-21. Agar es así la madre de la otra rama de la familia de Abraham, la de los pueblos del desierto. Ver Ismael y los ismaelitas.
Es también la primera persona de la Biblia a la que se aparece el ángel de Jehová, y Dios vuelve a hablarle en la segunda huida Génesis 16:7 Génesis 21:17.
Cómo la recuerdan después
El Génesis la vuelve a nombrar al presentar la descendencia de Ismael: el hijo de Abraham que le dio a luz Agar, la egipcia, sierva de Sara Génesis 25:12. Fuera del Génesis, el Antiguo Testamento no la menciona, aunque sí a los «agarenos», un pueblo del desierto al este de Galaad 1 Crónicas 5:10 Salmos 83:6.
Pablo es el único autor del Nuevo Testamento que habla de ella. En la carta a los Gálatas, contra quienes quieren imponer la ley de Moisés a los cristianos no judíos, lee la historia de las dos mujeres de Abraham como una alegoría: Agar, la esclava, representa la alianza del Sinaí y «la Jerusalén actual», que está en esclavitud; Sara, la libre, la Jerusalén de arriba. Cita la orden de Sara, «echa fuera a la esclava y a su hijo», como palabra de la Escritura Gálatas 4:22-31.