Rezín, rey de Damasco, y Peka, rey de Israel, suben contra Jerusalén para obligar a Judá a unirse a ellos, y el rey Acaz y su pueblo tiemblan «como se estremecen los árboles del monte a causa del viento» Isaías 7:1-2. Isaías le dice que no tema a esos dos «cabos de tizón» y que le pida una señal a Dios; Acaz se niega Isaías 7:4 Isaías 7:12. Ver Acaz e Isaías.
Acaz ya ha elegido a quién pedir ayuda. Envía mensajeros a Tiglat-pileser con un mensaje de vasallo: «Yo soy tu siervo y tu hijo»; que suba y lo libre del rey de Siria y del rey de Israel. Con el mensaje van la plata y el oro del templo y del tesoro del palacio 2 Reyes 16:7-8. El rey de Asiria lo escucha: sube contra Damasco, la toma, deporta a sus habitantes a Kir y mata a Rezín 2 Reyes 16:9. Ver Damasco y los arameos.
Su papel dentro de la Biblia
Tiglat-pileser es el rey con el que Asiria entra en la historia de Israel y de Judá. Con él cambia la escala del mundo bíblico: los reinos pequeños de la región dejan de pelear solo entre sí y pasan a depender de un imperio que cobra tributo, nombra reyes y deporta pueblos. Israel pierde Galilea y Galaad, y una década después Samaria cae ante sus sucesores; Judá sobrevive como vasallo. Para los profetas de su tiempo, el rey de Asiria es «la vara del furor» de Dios, un instrumento que no sabe que lo es y que también será juzgado por su soberbia Isaías 10:5-7. Ver Senaquerib, uno de sus sucesores.