Muerto Salomón, su hijo Roboam va a Siquem, porque todo Israel se ha reunido allí para hacerlo rey 1 Reyes 11:43 1 Reyes 12:1. Las tribus le presentan una petición: tu padre agravó nuestro yugo; disminuye tú la dura servidumbre, y te serviremos. Roboam pide tres días 1 Reyes 12:3-5. Ver Siquem.
Consulta primero a los ancianos que habían servido a su padre, y ellos le aconsejan: «Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre». Roboam desecha el consejo y pregunta a los jóvenes que se habían criado con él 1 Reyes 12:6-9. Ellos le dictan la respuesta: «El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre… mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones». Al tercer día, Roboam la repite palabra por palabra 1 Reyes 12:10-14.
El narrador añade su explicación: el rey no oyó al pueblo «porque era designio de Jehová», para que se cumpliera lo que el profeta Ahías había dicho a Jeroboam 1 Reyes 12:15. La historia completa de la ruptura está en la división del reino.
Su papel dentro de la Biblia
Roboam es el rey con el que se rompe la unidad de Israel. El relato lo presenta a la vez como responsable —por desoír a los ancianos— y como instrumento de un juicio anunciado contra la idolatría de Salomón. Con él empieza la historia separada del reino de Judá, que conservará la dinastía de David durante más de tres siglos, hasta la caída de Jerusalén. Mateo lo incluye en la genealogía de Jesús: «Salomón engendró a Roboam» Mateo 1:7.