Crónicas, que se interesa sobre todo por Judá, cuenta lo que hizo Roboam después: fortificó quince ciudades, entre ellas Belén, Tecoa, Adulam, Laquis, Azeca y Hebrón, y puso en ellas jefes, provisiones de comida, aceite y vino, escudos y lanzas 2 Crónicas 11:5-12. Ver Laquis y Adulam.
Los sacerdotes y levitas del norte, apartados por Jeroboam del culto, se pasan a Judá con todos los que buscaban a Dios, y fortalecen el reino de Roboam durante tres años 2 Crónicas 11:13-17. Roboam toma dieciocho mujeres y sesenta concubinas y tiene veintiocho hijos y sesenta hijas. Su preferida es Maaca, de la familia de Absalón, y nombra heredero a su hijo Abías; a los demás los reparte con prudencia por las ciudades fortificadas 2 Crónicas 11:18-23.
Su papel dentro de la Biblia
Roboam es el rey con el que se rompe la unidad de Israel. El relato lo presenta a la vez como responsable —por desoír a los ancianos— y como instrumento de un juicio anunciado contra la idolatría de Salomón. Con él empieza la historia separada del reino de Judá, que conservará la dinastía de David durante más de tres siglos, hasta la caída de Jerusalén. Mateo lo incluye en la genealogía de Jesús: «Salomón engendró a Roboam» Mateo 1:7.