Dios ha decidido destruir Sodoma, y Abraham ha intercedido por la ciudad: no la destruirá si hay en ella diez justos Génesis 18:20-32. Al caer la tarde, dos ángeles llegan a Sodoma. Lot está sentado a la puerta de la ciudad; se levanta, se inclina hasta el suelo y les insiste en que pasen la noche en su casa. Ellos quieren quedarse en la plaza, pero él porfía hasta que entran, y les prepara un banquete Génesis 19:1-3.
Antes de que se acuesten, los hombres de Sodoma, desde el más joven hasta el más viejo, rodean la casa y exigen que les saque a los visitantes «para que los conozcamos» Génesis 19:4-5, un verbo que aquí significa tener relaciones sexuales, como muestra la respuesta de Lot. Los profetas describirán después el pecado de Sodoma de varias maneras, también como soberbia e indiferencia hacia el pobre Ezequiel 16:49; la discusión está en la ficha de Sodoma. Lot sale, cierra la puerta tras de sí y les ruega que no hagan ese mal. Les ofrece a sus dos hijas vírgenes, para que hagan con ellas lo que quieran, con tal de que no toquen a los hombres que están bajo la sombra de su tejado Génesis 19:6-8. La multitud se vuelve contra él: «Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez?». Los ángeles lo meten en la casa y hieren de ceguera a los de fuera Génesis 19:9-11.
Su papel dentro de la Biblia
Lot es el pariente que acompaña la promesa sin ser su heredero. Su historia corre paralela a la de Abraham y la ilumina por contraste: elige la tierra mejor regada y acaba en una cueva; su tío deja elegir y recibe toda la tierra. Por él, Moab y Amón quedan unidos a Israel como parientes. Cuando Israel sale de Egipto, Dios le prohíbe atacar a Moab y a Amón porque les ha dado su tierra «a los hijos de Lot» Deuteronomio 2:9 Deuteronomio 2:19. De Moab vendrá Rut, la bisabuela de David Rut 4:13-17.
Cómo lo recuerdan después
Jesús usa los días de Lot como imagen de la venida del Hijo del Hombre: la gente comía, bebía, compraba y vendía, hasta el día en que Lot salió de Sodoma y llovió fuego del cielo. Y añade una advertencia breve: «Acordaos de la mujer de Lot» Lucas 17:28-32. La segunda carta de Pedro lo llama «el justo Lot», abrumado por la conducta de los malvados, que afligía cada día su alma justa viendo y oyendo lo que hacían, y lo pone como ejemplo de que Dios sabe librar a los piadosos 2 Pedro 2:6-9.