Los ángeles le dicen que saque de allí a su familia, porque van a destruir el lugar. Lot avisa a sus yernos, pero a ellos les parece que se burla Génesis 19:12-14. Al rayar el alba, los ángeles le dan prisa; él se demora, y lo toman de la mano a él, a su mujer y a sus hijas y los sacan fuera de la ciudad, «según la misericordia de Jehová para con él» Génesis 19:15-16. Le ordenan escapar al monte sin mirar atrás; Lot pide refugiarse en una ciudad pequeña cercana, y se le concede. Por eso se llama Zoar, «pequeña» Génesis 19:17-22.
Cuando Lot llega a Zoar sale el sol, y Jehová hace llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra y destruye toda la llanura. La mujer de Lot mira atrás, a espaldas de él, y se vuelve estatua de sal Génesis 19:23-26. Abraham, que madruga y mira hacia la llanura desde donde había hablado con Dios, ve subir el humo como de un horno. El narrador explica por qué se salvó Lot: «Dios se acordó de Abraham» Génesis 19:27-29.
Su papel dentro de la Biblia
Lot es el pariente que acompaña la promesa sin ser su heredero. Su historia corre paralela a la de Abraham y la ilumina por contraste: elige la tierra mejor regada y acaba en una cueva; su tío deja elegir y recibe toda la tierra. Por él, Moab y Amón quedan unidos a Israel como parientes. Cuando Israel sale de Egipto, Dios le prohíbe atacar a Moab y a Amón porque les ha dado su tierra «a los hijos de Lot» Deuteronomio 2:9 Deuteronomio 2:19. De Moab vendrá Rut, la bisabuela de David Rut 4:13-17.
Cómo lo recuerdan después
Jesús usa los días de Lot como imagen de la venida del Hijo del Hombre: la gente comía, bebía, compraba y vendía, hasta el día en que Lot salió de Sodoma y llovió fuego del cielo. Y añade una advertencia breve: «Acordaos de la mujer de Lot» Lucas 17:28-32. La segunda carta de Pedro lo llama «el justo Lot», abrumado por la conducta de los malvados, que afligía cada día su alma justa viendo y oyendo lo que hacían, y lo pone como ejemplo de que Dios sabe librar a los piadosos 2 Pedro 2:6-9.