Israel lleva veinte años oprimido por Jabín, rey cananeo de Hazor, cuyo general, Sísara, tiene novecientos carros de hierro Jueces 4:1-3. La profetisa Débora, que juzga a Israel, manda llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, con una orden de parte de Dios: reúne diez mil hombres de Neftalí y de Zabulón en el monte Tabor, y yo atraeré hacia ti a Sísara junto al arroyo de Cisón Jueces 4:4-7.
Barac responde con una condición: «Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré». Débora acepta, pero le anuncia la consecuencia: no será tuya la gloria, «porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara». Barac convoca a las dos tribus en Cedes y sube con diez mil hombres Jueces 4:8-10. Ver Débora, la tribu de Neftalí y la tribu de Zabulón.
Su papel dentro de la Biblia
Barac es el brazo militar de una liberación en la que la iniciativa es de Débora y el golpe final, de Jael. El relato lo pone en su sitio sin despreciarlo: cumple la orden, gana la batalla y canta la victoria. Samuel, en su discurso de despedida, lo cuenta entre los libertadores que Dios envió a Israel, según la Reina-Valera, que sigue a la traducción griega; el texto hebreo dice «Bedán» 1 Samuel 12:11. La carta a los Hebreos lo incluye entre los que «por fe conquistaron reinos» y «pusieron en fuga ejércitos extranjeros», junto a Gedeón, Sansón y Jefté Hebreos 11:32-34.