David cruza el Jordán y se instala en Mahanaim; Absalón lo sigue con el ejército de Israel 2 Samuel 17:24-26. El rey organiza a sus tropas en tres cuerpos y da una orden delante de todos: «Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón» 2 Samuel 18:1-5. La batalla se libra en el bosque de Efraín, y el bosque mata más gente que la espada 2 Samuel 18:6-8.
Absalón huye montado en un mulo; al pasar bajo una gran encina, se le enreda la cabeza en las ramas y queda colgado mientras el mulo sigue 2 Samuel 18:9. Un soldado lo ve y se niega a matarlo por la orden del rey, pero Joab toma tres dardos y se los clava en el corazón, y diez escuderos lo rematan. Lo echan en un gran hoyo en el bosque y levantan sobre él un montón de piedras 2 Samuel 18:10-17.
David espera noticias sentado entre las dos puertas. Cuando el mensajero etíope le dice que su enemigo ha muerto, el rey sube a la sala de la puerta y llora: «¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón!», y desea haber muerto en su lugar 2 Samuel 18:24-33. Joab tiene que reprenderlo para que salga a hablar a sus tropas, que entran en la ciudad avergonzadas como si hubieran perdido 2 Samuel 19:1-8. Ver Mahanaim.
Su papel dentro de la Biblia
La rebelión de Absalón 2 Samuel 15:10 es el centro de la llamada «historia de la sucesión» de David (2 Samuel 9 – 1 Reyes 2), el relato de cómo, uno tras otro, los hijos mayores del rey quedan fuera del camino del trono hasta que llega Salomón. Absalón, que mata al primogénito y se rebela, abre el camino a Adonías y, después, a Salomón. Es también el cumplimiento más claro de la palabra de Natán sobre la espada en la casa de David.
Su memoria queda unida a un monumento: en vida se levantó una columna en el valle del Rey, que se llamó «la columna de Absalón» 2 Samuel 18:18. Su hija o nieta Maaca fue madre del rey Abías de Judá 1 Reyes 15:2; Crónicas, en cambio, llama a la madre de Abías «Micaía hija de Uriel de Gabaa» 2 Crónicas 13:2.