El pectoral no era solo un adorno con nombres. Por el Urim y el Tumim que llevaba dentro, el sumo sacerdote consultaba a Dios en nombre del pueblo. Cuando Josué sucede a Moisés, el texto establece que se presentará ante el sacerdote Eleazar, que consultará por él «por el juicio del Urim» delante de Jehová, y a su palabra saldrán y entrarán él y todo Israel Números 27:21. La bendición de Moisés sobre Leví empieza por ahí: «tu Tumim y tu Urim» con el varón piadoso Deuteronomio 33:8.
La consulta aparece después en tiempos de Saúl. Al final de su reinado, abandonado, Saúl consulta a Jehová y no recibe respuesta, «ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas» 1 Samuel 28:6, y busca entonces a una adivina en Endor 1 Samuel 28:7. Más adelante el relato no vuelve a nombrar el Urim en uso.
Tras el exilio, entre quienes regresan hay familias de sacerdotes que no pueden probar su genealogía. El gobernador decide que no coman de las cosas santísimas «hasta que haya sacerdote con Urim y Tumim» Esdras 2:63 Nehemías 7:65. La frase da a entender que en ese momento no lo había.