Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé compran especias para ungir el cuerpo. Muy de mañana van al
sepulcro preguntándose quién les removerá la piedra, y la encuentran removida Marcos 16:1-4. Dentro, un joven vestido
de blanco les dice que no está allí, que ha resucitado, y que vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que él va delante de ellos a
Galilea Marcos 16:5-7.
Así termina, en los manuscritos más antiguos, el evangelio de Marcos: las mujeres salen huyendo, temblando y espantadas, «y no
dijeron nada a nadie, porque tenían miedo» Marcos 16:8. En Mateo, en cambio, corren con temor y gran gozo a avisar a
los discípulos, y Jesús les sale al encuentro Mateo 28:8-10; en Lucas lo cuentan a los once, y a ellos les parecen
locura sus palabras Lucas 24:9-11. La tabla de arriba compara los cuatro relatos.
Lo que los evangelios no dicen
Su papel dentro de la Biblia
María Magdalena es una de las mujeres más nombradas de los evangelios, y la única que los cuatro sitúan en el
mismo lugar decisivo: el sepulcro vacío. Su historia une la Galilea del ministerio con la Jerusalén de la cruz: la que fue sanada
sigue al maestro hasta el final, cuando los discípulos varones han huido, y, según Juan, la primera en ver al resucitado.
En el relato de Juan, el reconocimiento llega cuando Jesús la llama por su nombre Juan 20:16.
Otros con el mismo nombre
En el Nuevo Testamento hay varias Marías; la lista completa está en la ficha de María, la madre de Jesús. La
hermana de Moisés, que la Reina-Valera también llama María, tiene su ficha como Miriam.