Se cumple el tiempo y Elisabet da a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyen que Dios ha tenido gran misericordia con ella y se alegran con ella Lucas 1:57-58.
Al octavo día van a circuncidar al niño y quieren llamarlo Zacarías, como su padre. Elisabet se opone: «No; se llamará Juan». Le replican que nadie en su familia lleva ese nombre, y preguntan por señas al padre, que sigue mudo. Zacarías pide una tablilla y escribe: «Juan es su nombre». En ese momento recupera el habla y bendice a Dios Lucas 1:59-64.
Su papel dentro de la Biblia
Elisabet aparece solo en el primer capítulo de Lucas, y no vuelve a nombrarse: el evangelio no dice cuándo murió ni si vio a su hijo predicar. En ese capítulo, sin embargo, tiene un papel destacado: es la primera persona del Nuevo Testamento que, llena del Espíritu Santo, reconoce en el hijo de María a su Señor, y la que da al Bautista su nombre. Con su historia, Lucas une el final del Antiguo Testamento —una pareja sacerdotal anciana y estéril, como los patriarcas— con el comienzo del Nuevo.