Rezín, rey de Siria, y Peka, rey de Israel, suben contra Jerusalén, pero no logran tomarla 2 Reyes 16:5. El corazón de Acaz y el de su pueblo se estremecen «como se estremecen los árboles del monte a causa del viento» Isaías 7:1-2. Isaías le sale al encuentro junto al acueducto del estanque de arriba y le transmite la palabra de Dios: guarda y repósate, no temas a esos dos cabos de tizón que humean; su plan no se cumplirá. Y añade una condición: «Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis» Isaías 7:3-9.
Dios le ofrece una señal, la que quiera, en lo profundo o en lo alto. Acaz se niega: «No pediré, y no tentaré a Jehová». Isaías le responde que está cansando la paciencia de Dios, y que el Señor mismo dará la señal: la virgen concebirá, dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel Isaías 7:10-14. Antes de que ese niño sepa distinguir el bien del mal, la tierra de los dos reyes quedará abandonada; pero sobre la casa de Acaz vendrán días como no los hubo desde la división del reino: el rey de Asiria Isaías 7:16-17.
Su papel dentro de la Biblia
Acaz es el rey de la decisión equivocada en la crisis más grave del siglo VIII: ante la amenaza, prefirió la protección de un imperio a la palabra del profeta. Por él quedó Judá dentro del sistema asirio, la situación que heredará su hijo Ezequías, que hará lo contrario: abrirá las puertas del templo que su padre había cerrado y se rebelará contra Asiria 2 Crónicas 29:3 2 Reyes 18:7. Isaías fecha una de sus profecías «en el año que murió el rey Acaz» Isaías 14:28, y su nombre quedó unido a un reloj de sol, «las gradas de Acaz», en el que Isaías da a Ezequías una señal Isaías 38:8. Mateo lo incluye en la genealogía de Jesús Mateo 1:9.