Muerto David, Adonías va a ver a Betsabé. Ella le pregunta si viene en paz, y él dice que sí. Le recuerda que el reino era suyo y que todo Israel lo esperaba, pero que ha pasado a su hermano por voluntad de Jehová; y le pide un solo favor: que convenza a Salomón de que le dé por mujer a Abisag la sunamita, la joven que había atendido a David. Betsabé acepta hablar con el rey 1 Reyes 2:13-18.
Salomón se levanta a recibirla, se inclina ante ella, hace poner un trono para la madre del rey y la sienta a su derecha. Ella le presenta la petición, y el rey, que le había prometido no negarle nada, le responde con dureza: que pida también para Adonías el reino, porque es su hermano mayor. Ese mismo día manda a Benaía a matarlo 1 Reyes 2:19-25.
Su papel dentro de la Biblia
Betsabé está en los dos momentos en que se decide la historia de la casa de David: el pecado por el que «no se apartará jamás la espada» de su casa 2 Samuel 12:10, y la sucesión que lleva a Salomón al trono. En el primero el texto apenas le da voz; en el segundo habla más que nadie ante el rey. Es la madre del rey que construirá el templo, y por ella pasa la línea de David que llega a los reyes de Judá.
Cómo la recuerdan después
El encabezado del salmo 51, uno de los salmos penitenciales, lo sitúa «cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta» Salmos 51:1. El libro de los Reyes resume la vida de David diciendo que hizo lo recto toda su vida, «salvo en lo tocante a Urías heteo» 1 Reyes 15:5.
Mateo la incluye en la genealogía de Jesús sin nombrarla: «David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías» Mateo 1:6. Es una de las cuatro mujeres que menciona antes de María, junto a Tamar, Rahab y Rut. Lucas, en cambio, traza la genealogía de Jesús por otro de sus hijos, Natán Lucas 3:31.