Habacuc es un nombre y un título: «el profeta» Habacuc 1:1. El libro no dice de dónde era, quién fue su padre ni bajo qué rey habló. Lo que lo distingue de los demás profetas es la forma de su mensaje: en lugar de hablar de parte de Dios al pueblo, empieza hablando él a Dios, y para quejarse. El libro es la conversación que sigue.
Por lo que dice de los caldeos, que Dios está levantando como un pueblo nuevo y temible, se sitúa en los últimos años del siglo VII a.C., cuando Babilonia derrotaba a Asiria y a Egipto y se preparaba para dominar Judá Habacuc 1:6. Es decir, en los mismos años que Jeremías.
El capítulo 3 es una oración con indicaciones musicales, como un salmo Habacuc 3:1 Habacuc 3:19. Habacuc ha oído y ha temido, y pide a Dios que avive su obra y que, en la ira, se acuerde de la misericordia Habacuc 3:2. Sigue una visión de Dios viniendo desde Temán y el monte de Parán, en el sur, con imágenes que recuerdan el éxodo y la tormenta: los montes tiemblan, los ríos se abren, el sol y la luna se detienen Habacuc 3:3 Habacuc 3:8-11.
El libro termina con una confesión de confianza en medio del desastre. Aunque la higuera no florezca ni haya fruto en las vides, aunque falte el producto del olivo y los campos no den alimento, aunque no haya ovejas en el redil ni vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación Habacuc 3:17-18.
Cómo lo recuerda la Biblia
Una sola frase de Habacuc tuvo en el Nuevo Testamento una influencia desproporcionada con el tamaño del libro. Pablo cita «el justo por la fe vivirá» en Romanos, como el texto que resume su evangelio, y en Gálatas, para decir que nadie se justifica ante Dios por la ley Romanos 1:17 Gálatas 3:11. La carta a los Hebreos la cita según la traducción griega, junto con la frase anterior sobre la visión que no tardará, aplicándola a la venida de Cristo y a la perseverancia Hebreos 10:37-38. Cada autor la lee con un acento propio: Pablo, sobre cómo se llega a ser justo; Hebreos, sobre cómo vive el justo mientras espera. En la Reforma protestante del siglo XVI, la lectura de Pablo de este versículo se convirtió en un texto clave.
En Antioquía de Pisidia, Pablo cierra su discurso con otra frase de Habacuc, la de la obra que no se creería aunque se contara Hechos 13:40-41 Habacuc 1:5.