Como Felipe, Tomás es en los tres primeros evangelios solo un nombre en la lista de los doce
Mateo 10:3Marcos 3:18Lucas 6:15. Es el cuarto
evangelio el que lo convierte en personaje, y lo presenta tres veces con su sobrenombre:
«Tomás, llamado Dídimo» Juan 11:16Juan 20:24Juan 21:2.
El evangelista traduce así para sus lectores griegos lo que el nombre arameo ya decía:
Tomás quiere decir «mellizo».
La tarde del primer día de la semana, con las puertas cerradas por miedo, Jesús se presenta en
medio de los discípulos, les muestra las manos y el costado, y los envía como el Padre lo envió
a él Juan 20:19-22. Tomás no estaba con ellos Juan 20:24.
Cuando los otros le dicen «hemos visto al Señor», Tomás pone una condición precisa: si no ve en
sus manos la señal de los clavos, si no mete el dedo en esa señal y la mano en su costado, no
creerá Juan 20:25. Lo que pide ver son, precisamente, las marcas de la
crucifixión.
Ocho días después, con Tomás presente y las puertas otra vez cerradas, Jesús vuelve a ponerse
en medio y se dirige a él con sus propias palabras: que traiga el dedo, que mire las manos, que
acerque la mano al costado; «y no seas incrédulo, sino creyente» Juan 20:26-27.
El texto no dice que Tomás llegara a tocarlo. Dice lo que respondió: «¡Señor mío, y Dios mío!»
Juan 20:28. Y Jesús cierra la escena con una bienaventuranza para los que no
estaban allí: «Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y
creyeron» Juan 20:29.
Después
Tomás está entre los siete discípulos que vuelven a pescar al lago y ven al resucitado en la
orilla; en esa lista aparece el segundo, después de Pedro Juan 21:2. La última
mención bíblica es la lista de los once en Jerusalén Hechos 1:13.
Estás aquíJn 20 · TomásLa incredulidad de Tomás: «Señor mío y Dios mío»
La tarde del primer día de la semana, con las puertas cerradas por miedo, Jesús se presenta en medio de los discípulos, les muestra las manos y el costado, y los envía como el Padre lo envió a él.