Desde Éfeso, Pablo escribe a los corintios y les manda saludos de Aquila y Priscila, «con la iglesia que está en su casa» 1 Corintios 16:19. Pocos años después, al escribir a Roma, el primer saludo de la lista es para ellos: han vuelto a la ciudad, y también allí se reúne una iglesia en su casa Romanos 16:3-5. Algunos especialistas piensan que el capítulo 16 de Romanos se escribió en realidad para Éfeso, precisamente por saludos como este; la mayoría lo considera parte de la carta a Roma.
Pablo los presenta con palabras que no usa para casi nadie: son «mis colaboradores en Cristo Jesús», «expusieron su vida por mí», y no solo él les da gracias, sino todas las iglesias de los gentiles Romanos 16:3-4. No dice cuándo ni cómo arriesgaron la vida. La última mención está en la segunda carta a Timoteo: «Saluda a Prisca y a Aquila» 2 Timoteo 4:19. No nombra la ciudad, pero probablemente estaban de nuevo en Éfeso, donde estaba Timoteo 1 Timoteo 1:3.
Su papel dentro de la Biblia
Priscila es, con su marido, el ejemplo más claro en el Nuevo Testamento de cómo se extendió el cristianismo por el Mediterráneo: no solo a través de apóstoles itinerantes, sino de familias que se trasladaban por trabajo y abrían su casa a la iglesia allí donde iban. Roma, Corinto y Éfeso, tres de las ciudades clave de la misión de Pablo, pasan por su historia. Lucas la muestra enseñando a uno de los grandes predicadores de la primera generación, y Pablo, agradecido, la cuenta entre sus colaboradores.