El cántico de Débora termina en el palacio del vencido. La madre de Sísara se asoma a la ventana y pregunta por qué tarda su carro, por qué se detienen las ruedas de sus carros. Las más sabias de sus damas le responden, y ella misma se repite, que estarán repartiendo el botín: una doncella o dos para cada guerrero, y para Sísara ropas de colores bordadas Jueces 5:28-30. El lector ya sabe que su hijo yace en una tienda con la cabeza atravesada.
Su papel dentro de la Biblia
Sísara es el enemigo de la historia de Débora y uno de los grandes opresores del período de los jueces. Su nombre quedó en la memoria de Israel como ejemplo de la derrota de los enemigos de Dios. Samuel lo recuerda en su discurso de despedida, cuando Dios vendió a Israel «en mano de Sísara jefe del ejército de Hazor» 1 Samuel 12:9, y un salmo pide a Dios que trate a los enemigos de su pueblo «como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón» Salmos 83:9.